miércoles, 18 de julio de 2012

14 capitulo de "AL FINAL DE LA COLINA"


Secretos. El mundo parecía cubierto por una telaraña espesa de secretos que antes desconocía por completo. Parecían suspirar en cada rincón, gritar profundamente desde los sótanos y mirar atentamente desde las fotografías. Secretos era la palabra que había utilizado Daniel, la misma que rebotaba de un lado a otro en la mente de Leonor. Las respuestas se habían disfrazado de secretos y habían encontrado placer en jugar con ella al escondite .

Había leído cientos de novelas en las que los rudos protagonistas se enzarzaban en autenticas batallas épicas por buscarlos, a veces en forma de tesoros, intrigas o tumbas escondidas. Hubiera dado cualquier cosa por ser uno de esos protagonistas, libre entre páginas raídas para ir tirando del hilo de la telaraña. Si esto fuera una historia de piratas recorrería los siete mares hasta encontrar al extraño hombre que robo el disco, y lo sometería a la ley del mar para hacerle confesar y más de lo mismo haría con Daniel. Pero era su casa no el salvaje mar, y probablemente el único tiburón que había allí era su madre. Sonrió para sus adentros viendo el curso que había tomado su imaginación.

Entonces sonó el teléfono. Era Dalia, habían pasado dos días y ya se encontraba mucho mejor, daban una fiesta en su casa esa misma noche y estaba cordialmente invitada.

Saber que tendría a Daniel cercar y no podría preguntarle sobre su extraña actitud la hacia preguntarse seriamente si deseaba ir, pero finalmente cedió y se marcho al armario para decidir que se pondría.

Horas más tarde cruzaba el umbral de la casa de Daniel y Dalia. Era un caserón imponente y señorial, “digno de la clase de familia que representa” habría dicho su madre de haber estado allí. Leonor pensó que las noches de tormenta debían causar pavor. En su interior todo el mundo iba de gala, aquel año se había puesto de moda el blanco y prácticamente todo el abanico femenino de asistentes vestía de ese color, como angelitos inocentes, aunque Leonor sabia que la gran mayoría eran unas víboras capaz de morir envenenadas si por accidente se mordieran la lengua.

Y entre tanta falda asomó también un esmoquin impolutamente blanco. Daniel. La verdad es que verlo así vestido era tan desconcertante como ver a un perro verde, por muy bien que le sentara, no le pegaba. Estaba rodeado de un considerable grupo, en su mayoría mujeres, pero no parecía importarle mucho. Leonor vio como al reconocerla la saludó con la mano sonriendo, le pareció que hacia el gesto de ir a buscarla pero ella reculó y se perdió entre el gentío. No tenia ganas de fingir, entre mucha educación y sonrisas fingidas, que no había ocurrido el incidente del piano.

Siguió caminando en dirección contraria observando como la enorme casa estaba a rebosar de gente, los camareros en sus fracs aparecían por todos lados pendientes de cualquier petición por absurda que fuera. Mientras se distraía observando el ír y venir frenético de todos ellos, le vio. No había hecho falta recorrer los siete mares, ni aplicar leyes piratas, el misterioso hombre que se llevó el disco estaba a pocos metros de ella, portando una sonrisa en el rostro y una bandeja de canapés en la mano.


CONTINUARA . . .




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1 comentario:

  1. Muy buen capítulo!! Está cada día más interesante!! Saludos :)

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