lunes, 9 de julio de 2012

13 capitulo de "AL FINAL DE LA COLINA"



Aquella noche Leonor soñó con la casa, recorría cada uno de sus recovecos descubriendo que ya no quedaba nada en su interior: los muebles, los cuadros, las alfombras cada uno de sus viejos y únicos detalles habían desaparecido. Subía corriendo al piso de arriba y comprobaba que la misma nada reinaba allí también. Y sin embargo aquella música...lo llenaba todo. En el sueño llevaba el medallón colgado del cuello pero al mirarlo mejor se dio cuanta de que en realidad se había convertido en un reloj de verdad y su tic tac sonaba como el latido de un corazón. Entonces el reloj se convertía en un corazón que se derretía entre sus manos como gelatina carmesí. Se despertó sobresaltada, al abrir los ojos el sueño había terminado pero la extraña sensación de haberlo tenido no le abandono durante el resto del día.

Después de comer se preparó para recibir a Dalia y continuar con las clases de piano. Pero para su sorpresa al abrir la puerta se encontró con Daniel.

-¿Que hace aquí?.-preguntó Leonor

-Vaya, veo que se alegra de verme.-dijo él con sarcasmo.

-Lo siento es que no le esperaba. ¿Y Dalia?

-Dalia se encontraba indispuesta, tendrá que aguantarme a mi.-contestó mientras colgaba el abrigo en el perchero de la entrada.- Veamos que es lo que sabe hacer.

Se dirigieron al piano y ella empezó a tocar, al principio con nervios por tenerlo detrás observando, pero como solía ocurrirle al tocar más de dos compases, acabó olvidándose del mundo que la rodeaba para concentrarse en la música.

-Es muy buen comienzo.-observo él.-Hagamos un dúo.

Él se sentó a su lado y ella sintió cosquillas en la nuca. Empezaron a tocar al unisonó aquellas teclas y al instante parecía que lo habían hecho juntos toda la vida. Una vez terminaron, Leonor se atrevió a decir:

-Creo que debería ampliar mi repertorio.

-¿Que le gustaría aprender?

-La canción que tocó usted, la primera vez que vino a esta casa.

Él sonrió y dijo:

-No puedo, es difícil de explicar pero no se puede enseñar.

-Ya lo ha hecho.

Él la miró sin entender. En respuesta Leonor se acomodó en el asiento y posó con suavidad de nuevo las manos sobre el piano. Acto seguido empezó a tocar las primeras notas de la melodía que se había grabado a fuego en su cerebro, tenía un excelente oído musical y podía reproducir casi cualquier melodía.

-¡Para!.-dijo él bruscamente.-¡No sabes lo que estas haciendo!

Leonor botó en el asiento del sobresalto y golpeo sin querer el piano haciendo que la tapa cayera y provocar un estruendo que resonó en un incomodo eco por la habitación.
Ella no supo que decir, ni siquiera tuvo el coraje de mirarle a los ojos buscando una explicación.
Entonces él cambio la rigidez de sus facciones relajándolas en una sonrisa que no acababa de convencer.

-Perdona, no quería gritarle, ahora debo irme.-dijo levantándose y dirigiéndose hacia la puerta.
La educación de Leonor le había enseñado a guardarse las preguntas a resignarse, pero en esta ocasión antes de que el cruzara

-¿Que tiene esa canción?

-Secretos.-dijo él.-Algunos secretos encuentran refugio en los lugares más insospechados.

Y dicho esto se marchó.

CONTINUARA . . .

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